La evolución de los tipos de interés no solo afecta a las hipotecas. También se deja sentir, y mucho, en los préstamos personales, una de las fórmulas de financiación más utilizadas por los hogares en España para afrontar gastos puntuales.
Comprar un coche, reformar la vivienda, pagar unos estudios o afrontar un imprevisto son algunos de los motivos más habituales para pedir un préstamo. Y el coste de ese dinero depende, en buena medida, del entorno de tipos marcado por el Banco Central Europeo.
Cuando el dinero cuesta más
Cuando los tipos suben, las entidades trasladan ese encarecimiento a sus préstamos: la cuota mensual y el coste total de la operación aumentan. Cuando bajan, ocurre lo contrario y financiarse resulta más barato.
Por eso, antes de firmar, conviene fijarse no solo en la cuota, sino en la TAE, que recoge el tipo de interés y las comisiones, y ofrece una imagen más realista de lo que realmente cuesta el préstamo.
Consejos antes de pedir un préstamo
Los expertos en finanzas personales insisten en varias recomendaciones: pedir solo lo que realmente se necesita, comprobar la capacidad de pago antes de comprometerse y no destinar una parte excesiva de los ingresos a las cuotas.
También recomiendan comparar varias ofertas, leer la letra pequeña y desconfiar de la financiación «exprés» que promete dinero inmediato sin apenas requisitos, ya que suele esconder intereses muy elevados.
Un préstamo bien planificado puede ser una herramienta útil para alcanzar un objetivo; uno contratado a la ligera puede convertirse en una carga difícil de soportar. La diferencia está en informarse y hacer números con calma.
En un escenario de tipos cambiante, la prudencia y la comparación son, más que nunca, las mejores aliadas del consumidor a la hora de financiarse.