La tarjeta de crédito es una de las herramientas financieras más extendidas en España, pero también una de las que más problemas puede causar si no se usa con cabeza. Bien gestionada, aporta comodidad y flexibilidad; mal utilizada, puede abrir la puerta a una espiral de deudas.
La diferencia está en entender cómo funciona y en seguir unas pautas básicas de uso responsable.
Crédito no es lo mismo que débito
Con una tarjeta de débito se paga con el dinero que ya hay en la cuenta. Con una de crédito, en cambio, la entidad adelanta el dinero y el titular lo devuelve después, normalmente a fin de mes o de forma aplazada. Ahí reside tanto su utilidad como su riesgo.
El punto más delicado es el pago aplazado o «revolving». Aplazar las compras puede parecer cómodo, pero suele conllevar intereses elevados que, si se acumulan, hacen que la deuda crezca con rapidez.
Claves para usarla bien
Los expertos recomiendan, siempre que sea posible, optar por el pago a fin de mes sin intereses en lugar del aplazado. Así se disfruta de la comodidad de la tarjeta sin pagar de más.
También aconsejan no gastar más de lo que se puede devolver, revisar cada mes el extracto para detectar cargos extraños y conocer bien las comisiones y el tipo de interés aplicado antes de contratar la tarjeta.
Activar las notificaciones de cada compra y usar las herramientas de la app para bloquear la tarjeta al instante en caso de pérdida o robo son medidas sencillas que aportan control y seguridad.
La tarjeta de crédito, en definitiva, no es ni buena ni mala en sí misma. Todo depende del uso que se le dé. Con disciplina y la información adecuada, puede ser una aliada cómoda en el día a día sin poner en riesgo la economía del hogar.